Base de cálculo
Del presupuesto a una estructura de actividades verificable
El punto de partida suele ser el presupuesto, las mediciones y la estructura física del contrato. Las unidades se agrupan por zonas, fases, sistemas o frentes de trabajo para formar una EDT que permita calcular y controlar la ejecución. Una sola actividad con meses de duración puede ocultar varios equipos, restricciones y entregas; una planificación excesivamente fragmentada, en cambio, resulta ilegible. El nivel adecuado es el que permite justificar la duración y seguir las interfaces importantes.
Cada actividad productiva necesita una medición, una unidad, un rendimiento y un número de equipos. La duración básica se obtiene dividiendo la cantidad por la producción diaria neta. La palabra “neta” es esencial: el rendimiento de catálogo o el máximo instantáneo no representa necesariamente una jornada real. Hay que considerar preparación, desplazamientos, cambios de posición, controles, limpieza, pérdidas por geometría y las limitaciones del calendario.
Los coeficientes no deben utilizarse como una rebaja arbitraria. Conviene explicar si responden a climatología, trabajo nocturno, espacio reducido, interferencias, tráfico, altura, accesos o aprendizaje del equipo. Cuando una actividad combina varios ciclos, se calcula el cuello de botella: no sirve aumentar la producción de colocación si el transporte o el suministro no pueden alimentarla.
Calendarios, turnos y tiempo efectivo
El calendario traduce el plazo contractual en tiempo realmente disponible. Se definen días laborables, festivos, jornadas, turnos, paradas previstas y periodos con restricciones especiales. En una carretera pueden existir ventanas nocturnas para cortar carriles; en ferrocarril, bloqueos de pocas horas; en un aeropuerto, franjas ligadas a la operación; y en una instalación en servicio, cortes autorizados para pruebas o conexiones.
La duración debe incluir el ciclo completo de la ventana. Si el tajo necesita balizamiento, acceso, preparación, ejecución, control, retirada y reapertura, no toda la franja puede asignarse a producción. Esta descomposición evita programar más cantidad de la que realmente cabe y ayuda a definir qué operaciones pueden prepararse fuera del corte.
También se revisa la simultaneidad. Dos equipos disponibles sobre el papel no siempre pueden trabajar a la vez si comparten una grúa, una vía de acceso, una zona de acopio, una subestación o el mismo frente físico. La implantación y los planos de fase son, por tanto, parte del cálculo del programa.
Precedencias, hitos y camino crítico
Una vez calculadas las duraciones, las actividades se conectan mediante una red lógica. Las relaciones deben responder a restricciones técnicas: una cimentación precede a su estructura; un relleno necesita controles; una instalación requiere espacios cerrados o energizados; una prueba integrada depende de la terminación de varios sistemas. Los desfases pueden representar curados, aprobaciones o avances mínimos entre tajos, pero deben utilizarse con claridad.
Los suministros de largo plazo se programan desde la aprobación técnica, no solo desde la entrega en obra. La cadena puede incluir definición, consulta, adjudicación, planos de fabricación, validación, fabricación, transporte, recepción y montaje. Lo mismo ocurre con permisos, ocupaciones, expropiaciones o autorizaciones de corte.
El camino crítico identifica la secuencia sin holgura que determina el final. No debería forzarse marcando todas las actividades como críticas. Una red útil distingue holguras y permite explicar qué frentes pueden absorber una incidencia y cuáles necesitan seguimiento prioritario. Los hitos contractuales, entregas parciales, pruebas y puestas en servicio se incluyen como resultados comprobables.