Punto de partida
Qué es la memoria técnica y para qué sirve
La memoria técnica explica cómo ejecutará el licitador el contrato que se está evaluando. En una obra puede desarrollar procedimientos, implantación, fases, tráfico, medios, rendimientos, controles y puesta en servicio. En un contrato de mantenimiento u operación debe justificar inventario, frecuencias, cargas de trabajo, organización territorial, personal, guardias, tiempos de respuesta, sistemas de gestión e indicadores.
Su estructura no la decide un índice genérico: la determina el pliego. El PCAP establece qué criterios están sometidos a juicio de valor, cuánto puntúa cada apartado, qué límite de páginas existe y qué información puede provocar exclusión o no ser valorada. El PPTP, el proyecto, las mediciones y los anexos aportan el contenido técnico que permite responder con precisión.
Antes de redactar conviene preparar una matriz de cumplimiento. Para cada criterio se registra la puntuación, el contenido solicitado, la documentación fuente, la persona responsable, la evidencia gráfica prevista y el control final. Esta matriz evita que un apartado importante quede diluido dentro de otro capítulo o que una promesa aparezca en la memoria sin reflejarse en el programa.
Índice orientativo para una licitación de obra
El siguiente esquema es un punto de control, no un modelo que deba copiarse sin adaptar. El orden final tiene que reproducir el baremo del expediente para facilitar la revisión.
- Concepción global y conocimiento del proyecto.
- Implantación, accesos, instalaciones auxiliares y logística.
- Metodología constructiva por unidades o tajos.
- Fases, afecciones, desvíos y continuidad de la actividad.
- Medios humanos, maquinaria y equipos de producción.
- Programa de trabajos, rendimientos, precedencias e hitos.
- Suministros críticos, permisos, servicios afectados y riesgos.
- Control de calidad, vigilancia ambiental y seguridad.
- Pruebas, legalizaciones, puesta en servicio y entrega.
- Mejoras o compromisos evaluables, cuando proceda.
En contratos de servicios la lógica cambia. El núcleo suele ser el dimensionamiento del servicio: inventario, sectores, frecuencias, tiempos de ciclo, cargas, turnos, plantilla, vehículos, reserva, instalaciones, implantación, atención de incidencias, control y mejora continua. Reutilizar el índice de una obra conduce a capítulos vistosos pero poco relacionados con lo que realmente se valora.
Cómo convertir el PCAP en una estructura que puntúa
La primera lectura separa requisitos administrativos, prescripciones mínimas y criterios evaluables. La segunda identifica verbos: describir, justificar, dimensionar, representar, comparar, comprometer o proponer. Cada verbo exige una evidencia distinta. “Describir” puede resolverse con texto y un esquema; “dimensionar” necesita datos y cálculos; “representar” requiere un plano; “justificar” obliga a mostrar la relación entre hipótesis y resultado.
Después se asigna espacio según puntuación y complejidad. Un criterio de veinte puntos no debería recibir el mismo desarrollo que uno de dos. Tampoco conviene consumir páginas en antecedentes que el evaluador ya conoce. La información de contexto solo aporta si conduce a una decisión: una restricción de acceso, una ventana horaria, una servidumbre, una producción máxima o una condición de entrega.
El encabezado de cada capítulo debe repetir la terminología del baremo. Dentro, una estructura eficaz suele avanzar desde el condicionante hasta la respuesta: qué exige el contrato, qué se ha comprobado, qué solución se propone, con qué medios se ejecuta, cómo se programa y cómo se controla. Las tablas y figuras deben tener una función verificable, no ocupar espacio como decoración.